domingo, 25 de junio de 2017

Hace siglos todos circulábamos por la izquierda ¿por qué cambiamos a la derecha?

Si hay una costumbre británica conocida fuera del Reino Unido es la de circular por la izquierda en la carretera. La norma se suele tachar de extravagancia, pero lo cierto es que no es el único país que la tiene. Es más, hace siglos en tu país también circulaban por la izquierda.

Más que preguntarse por qué en Reino Unido circulan por la izquierda, la cuestión interesante es por qué en el resto del mundo decidimos comenzar a hacerlo por la derecha. Gran parte de la culpa (pero no toda ni mucho menos) la tiene el magnate estadounidense Henry Ford.

En 1988, un equipo de arqueólogos descubrió un camino de la época de la antigua Roma. Las marcas de rodadura y de pisadas más fuertes estaban en el lado izquierdo. No es el único ejemplo. Las pruebas arqueológicas y los documentos históricos apuntan a que el ser humano lleva circulando por la izquierda desde hace siglos.

La razón de esta costumbre es una curiosa mezcla de seguridad con la prevalencia de los diestros sobre los zurdos. Apenas entre un 8 y un 13% de la población es zurda. El resto son diestros. En la antigua Roma o la edad media no era raro que la gente circulara con algún arma para defenderse, fuera una espada, un hacha, una pica, o un humilde bastón. El 85% de los viajeros manejaban esas armas con la mano derecha.

Desenvainar la espada a tiempo

A la hora de aventurarse por los caminos, los viajeros solían elegir el lado izquierdo porque eso les permitía preparar el arma más rápido en caso de que necesitaran defenderse. La primera ley que convirtió esa costumbre en obligación fue un edicto del Papa Bonifacio VIII que instaba a los peregrinos del Camino de Santiago a circular por la izquierda, probablemente también por su propia seguridad. En 1756, el Reino Unido emitió una norma recomendando a los jinetes y conductores de carruaje circular por la izquierda al cruzar el puente de Londres, pero probablemente se trataba de una ley práctica con vistas a facilitar el tránsito por el puente. La normalización de circular por la izquierda en Reino Unido no llegó hasta la Highways Bill de 1835.

¿Y en otros países? Pues resulta que circular por la izquierda era la práctica habitual en muchos lugares. A comienzos del siglo XX se tiene constancia de que se circulaba por la izquierda en buena parte de Canadá, Rusia, Hungría, Checoslovaquia, partes de Austria, Suecia, Islandia, Argentina, Uruguay, Paraguay, partes de Brasil, partes de Chile, partes de Italia, China, Filipinas y Birmania.

Se suele decir que Napoleón (que era zurdo) fue uno de los responsables de que hoy se circule por la derecha porque impuso esta norma en los países que conquistó. En realidad no es cierto. Lo que hizo es mantener (en Francia) una costumbre simbólica de la revolución francesa que obligaba a todos los viajeros a circular por la derecha para ser iguales. Hasta entonces, solo los plebeyos circulaban por la derecha para evitar ser arrollados por los caballos y carruajes de los señores, que iban por la izquierda.

Ibas a hacer algo y un segundo antes olvidas qué era: eso ocurre porque tu cerebro está sano

Entras en una habitación con la determinación del que sabe perfectamente a lo que va. De repente, te paras. Un momento... ¿Qué venía yo a hacer aquí? ¡Maldita sea! Si lo acabo de pensar. ¿Cómo se me ha podido olvidar? Si esto te ha pasado alguna vez, no te preocupes. No estás perdiendo la cabeza.

Es inevitable sentir una punzada de terror cuando sufrimos lapsus tan aparentemente importantes, pero lo cierto es que ese tipo de despistes no solo son perfectamente normales, sino que son la prueba de que nuestro cerebro funciona como debe (al menos en términos de atención y memoria). Se deben a algo denominado Efecto Umbral.

El nombre no es casual. Resulta que nuestro cerebro tiene más posibilidades de olvidar lo que estamos haciendo solo por el hecho de cambiar de habitación. A veces también ocurre cuando interrumpimos una idea con otra. Pedimos a otra persona que nos preste atención porque queremos decir algo importante, y cuando vamos a decirlo se nos ha olvidado completamente. El Efecto Umbral haciendo de las suyas de nuevo.

Aunque a menudo asociamos la memoria con la imagen de una especie de disco duro en el que grabamos las cosas como si fueran archivos, lo cierto es que el cerebro no funciona así para nada. En realidad, el interior de nuestra cabeza es más un superordenador que lleva a cabo múltiples tareas al mismo tiempo y balancea la carga de esas tareas en función de los estímulos que le llegan del entorno.

Cuando cambiamos de una estancia a otra, el cerebro tiende a establecer un nuevo marco de experiencias para la memoria. En cierto modo es como si pasara página para apuntar lo que sucede en esa habitación en una hoja limpia del cuaderno. La atención se enfoca en un nuevo escenario y, a resultas de ese salto, a menudo se olvida de alguno de los procesos que teníamos funcionando en ese momento. El fenómeno no depende de la distancia recorrida, sino del hecho de cruzar un umbral para cambiar de habitación, de ahí su nombre.

En 2011, un grupo de investigadores de la Universidad de Notre Dame en Indiana, Estados Unidos, realizó un experimento con 55 estudiantes perfectamente sanos. La primer parte consistía en deambular por la casa virtual de un videojuego llevando objetos dentro de una caja. Cada cierto tiempo se les preguntaba qué objeto estaban llevando. El resultado demostró que, al atravesar umbrales entre estancias, los estudiantes olvidaban lo que estaban cargando con mucha más facilidad. En una segunda parte del estudio recrearon el experimento usando una casa real con idénticos resultados. Cambiar de estancia resetea la atención y el cerebro elige qué objetos a los que estaba prestando atención en ese momento no es necesario recordar en ese momento.

Curiosamente, ningún estudio ha logrado explicar cómo ocurre exactamente el Efecto Umbral, ni como evitar que se produzca. Probablemente utilizar trucos mnemotécnicos ayude, pero se trata de una cuestión de atención, y el cerebro no puede prestar atención a todo, todo el tiempo.




La forma insultantemente simple de conservar los tomates por mucho mas tiempo

Nada de envolverlos en papel de periódico, ni meterlos en agua o usar extravagantes recipientes. Lograr que tus tomates permanezcan hidratados y lozanos durante más tiempo es una cuestión tan sencilla como darles la vuelta. El especialista en gestión culinaria J. Kenji López lo explica así.


La razón por la que los tomates pierden su tersura es porque pierden agua. La piel de esta hortaliza hace un excelente papel conservando la humedad en el interior, pero tiene un punto débil, que es el lugar por donde están conectados al pedínculo y de ahí al resto de la planta.

La manera de evitar que el agua del tomate se pierda demasiado rápido por ahí es tan sencilla como conservarlos siempre con esa parte mirando hacia debajo y pegada al plato. Si tiene restos de pedínculo (las hojitas verdes) es mejor quitarlas. Si el tomate tiene alguna rotura, este truco te servirá de bien poco, porque perderá agua por ahí y se pudrirá más rápido.


Una manera alternativa, pero más engorrosa de proteger esta parte es mediante una pequeña tira de cinta adhesiva, pero en general basta con poner ese punto hacia abajo. Finalmente, lo de no conservarlos en la nevera porque pierden el sabor es un mito a medias. Si no vamos a consumirlos en unos cuantos días es mejor dejarlos en el compartimento de fruta y verdura de la nevera. La única precaución es dejarlos calentar antes de comerlos para que recuperen todo su sabor.



El "modo oscuro": otro intento de estafa por Whatsapp

En los últimos días se viralizó la posibilidad de utilizar la versión de WhatsApp web en modo oscuro para reducir el cansancio ocular. Sin embargo, las alarmas se prendieron cuando se advirtió que se trata de una modalidad que estaba en la web.


Para activar esta opción hay que buscar la extensión BlackWhats de Chrome dentro de Chrome Stores, un addon involucrado en la instalación de adware, publicidad no deseada, en computadoras personales.


BlackWhats había sido reportado en un intento de estafa anterior, cuando ofrecía la posibilidad del servicio de "WhatsApp en colores".
En este sentido se recomienda a los usuarios no instalar este software a pesar de estar en la tienda oficial de Google.

Humor equivocado







¿Por qué son tan deprimentes las tardes de domingo?

La tarde de los domingos duele. Guardamos un luto inconsciente a cada fin de semana que se acaba. Algo viscoso nos invade y nos quita las ganas de vivir. Una encuesta de 2015 elevaba el número de sufrientes domingueros al 76% de los estadounidenses. Es un fenómeno poco estudiado, pero basta con hacer un sondeo rudimentario preguntando a amigos y a familiares para comprobar que pocos quedan libres de ese brote de tristeza.

Se manifiesta de muchas formas. Los síntomas fluctúan de una sensación a otra. Asco, melancolía, rabia, desazón, vacío, bloqueo, ansiedad, desesperación. Resumiendo: una urticaria emocional. La sacudida se disipa, como muy tarde, después de la incorporación el lunes al puesto de trabajo. La opinión generalizada localiza la causa en la amenaza de una nueva semana. La anticipación de las tareas levantaría una ola de agobio en mitad de las horas que debemos dedicar a la desconexión y al descanso.

Pero, ¿cómo puede la anticipación de algo deprimir más que el hecho en sí? El bajón nos inyecta un nivel de inhabilitación que, si nos atacara en plena jornada, seríamos incapaces de emprender una sola actividad. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Se trata de distribuir de manera eficiente la tristeza adelantándola a un día en el que no nos impide cumplir con nuestras obligaciones? ¿O es, más bien, una frustración producto de un tiempo de descanso que no ha conseguido saciarnos?

Resultaría útil remontarnos a la historia del fin de semana para entender qué hay en sus tripas. Katrina Onstad, en su libro The Weekend Effect, reivindica la utilidad de los días de descanso que la precariedad y la flexibilidad del mercado están echando al sumidero, y para ello recorre la evolución de la implantación de las 48 horas libres.

Según cuenta, a finales del siglo XVIII, los propios trabajadores, de manera tácita, se quedaban en casa los lunes para guardar el «lunes santo»: en realidad, estaban durmiendo la resaca de la religiosa borrachera que se pillaban cada domingo después de misa.

Los trabajadores quemaban el dinero y el agotamiento físico y mental de las cadenas de montaje en bebida, peleas de perros o combates de boxeo. Recuerda Onstad que fue Henry Ford, en 1926, quien decidió implantar la jornada de cinco días. No es que el magnate industrial recibiera una iluminadora visita Lenin en mitad del sueño; lo hizo con una estrategia de consumo. A más tiempo libre, la gente disfrutaría de más tiempo libre para comprar, hacer circular el dinero y estimular las necesidades de producción.

Se trazó el círculo perfecto del capitalismo. Los explotados compensan su propio malestar de maltratados financiando el sistema que los somete. La publicidad, el marketing, poco a poco, década a década, fue tejiendo en la sombra y anexando al consumo una filosofía vital, un humo imposible.

El fin de semana se convirtió en la luz al final del túnel; una luz que deslumbra y estimula y llama, que hace imaginar paraísos, y los paraísos, ya se sabe, los suponemos eternos. Se implantó la idea de un deseo (que no podía satisfacerse —o que solo se conseguía mediante formas de la ilusión como la religión—) y se escribió un itinerario de llegada basado en la compra de objetos o servicios. ¿Podría ser el síndrome del domingo por la tarde un resultado de esta insatisfacción?

El fenómeno, retornando a Onstad, se complica más. El fin de semana se encuentra en peligro de extinción. Hoy, la flexibilidad de horarios, las demandas de producción y servicios, la hiperconectividad y la competencia a todos los niveles han borrado los límites entre la vida personal y la laboral. Así, aumenta la incapacidad del fin de semana para ayudarte a desconectar y borrar los estreses y las inercias del trabajo.

Por esta vía, aparece una nueva negrura en el maremagno de tristezas del domingo: la culpa. Hemos traicionado las aspiraciones del tiempo de descanso. Y si el paraíso, en forma positiva es imposible de palpar, no ocurre lo mismo en su negatividad: la ausencia del edén, cuando creemos no merecerlo, pesa como una losa.

Se barajan otros motivos como causantes del síndrome del domingo. En una nota publicada en CNN, aludían a los sentimientos de la niñez. La ansiedad a separarse de los padres, argumentan algunos expertos, se mantiene hasta la edad adulta en ciertos casos. El miedo a que nos abandonen: quizás una rémora de esa época de recién nacidos en que todo es líquido y pensamos que lo que no se ve no existe. Según esto, todos seríamos un poco más niños en domingo.

Para subsanar ese estado, los psicólogos recomiendan programar actividades divertidas en esas horas para estimular la mente. Sin embargo, la tristeza dominical contiene un punto de alerta: se percibe una amenaza en todas las cosas y, por eso, en el fondo, no queremos desoír la depresión. Una depresión solo es exitosa cuando te convence de que puede conspirar en la sombra.

Uno puede dedicarse a tomar cañas y a contar chistes con sus amigos. Pero el bicho sigue debajo, asoma en los silencios y, sobre todo, al pagar la cuenta, al caminar hasta casa, al lavarte los dientes, al tumbarte en la cama. En los casos más graves, los domingos no se duerme.

Toda esta historia sería fácil de resolver si el mal solo afectase a quienes detestan su oficio, pero nada más lejos; quienes desempeñan trabajos vocacionales también lo sufren con fuerza. ¿Y si se trata de miedo? ¿Y si el domingo, con sus silencios, sus carreteras limpias y sus persianas bajadas nos susurra que lo único necesario para estar en paz es respirar y alimentarnos? ¿Nos aterra tomar perspectiva y percatarnos de que no deseamos ningún trabajo y sospechar, en consecuencia, que nos estamos sacrificando para nada?



Los parques temáticos mas insólitos de Japón

Japón vive desde tiempos remotos en una dualidad continua. Aunque su religión sintoísta y su educación han intentado que su sociedad fuera el sumun de la armonía, sus habitantes, como seres humanos, han acabado encontrando vías de escape que contuvieran pasión y adrenalina.

El resultado expone miles de contrastes: a escasos metros de un templo a menudo se puede encontrar un pachinko (
sistema de juegos muy similar al de los pinballs):


Alrededor de cada parque mudo hay un barrio lleno de rascacielos reproduciendo 15 anuncios a la vez; en las estaciones de metro se cruzan miles de salaryman (término con el cual los japoneses designan a los ejecutivos de bajo rango en una empresa) con jóvenes vestidos de cosplay y en cualquier espacio público hay que guardar silencio, pero al acudir a un izakaya (bares aptos para socializar) hay tanto ruido que hacen falta timbres para llamar a los camareros. Esto es Japón. Por cada aspecto tradicional hay una contraposición.

Un ejemplo de este fenómeno son los parques de atracciones: a pesar de que en su modo de vida haya cierto sosiego, los más de 150 parques de atracciones que hay en el país demuestran que los japoneses también buscan potenciadores de emociones.

Enumerarlos todos sería tedioso. Solo entran en este elenco los parques de atracciones más insólitos de Japón:

1. Villa Española de Shima

Se trata de un parque temático basado en España. Situado en la prefectura de Mie (lejos de todas las típicas ciudades turísticas niponas), atrae a los japoneses con atracciones como La Tomatina (tomates giratorios que se chocan entre ellos), el carrusel de Gaudí (un tiovivo decorado inspirado en el pintor catalán), el Barco Santa María o el viaje aventurero de Don Quijote, entre otras. Además de atracciones hay réplicas de la plaza Mayor de Madrid, el parque Güell, la Cibeles o el Castillo de Xavier. 


Todo acompañado de espectáculos y desfiles de lo más curioso: chicos disfrazados de toros cantando canciones españolas, un Don Quijote versión perruna o japonesas haciendo coreografías de flamenco. Y absolutamente todos los trabajadores del parque repitiendo sin cesar «¡Adiós, amigos!».

2. La prisión de Abashiri

En una ciudad pequeña situada al norte del país se encuentra la Prisión de Abashiri. Esta cárcel fue construida en 1890 para acoger a los prisioneros más peligrosos del país por un motivo: era casi imposible escapar. Tanto el clima extremadamente frío como los alrededores compuestos por un lago, un mar y bosques hacían esta ubicación perfecta para aislar a los prisioneros. Las infraestructuras recrean la durísima vida que tenían los presos, incluyendo en el itinerario la sala de los juicios, la de los castigos o la habitación donde se bañaban. Los visitantes, para empatizar con la historia, se visten de presidiarios durante la visita y están rodeados durante todo el trayecto por muñecos a tamaño real con aspecto de presos; además pueden degustar en la cafetería «el menú del condenado».

3. Harmonyland (o el universo de Hello Kitty)

Para cualquier fan de Hello Kitty esta es una parada obligatoria. Harmonyland es una mezcla entre la versión Disney del universo de la famosa gatita y un parque de atracciones. Se puede visitar su castillo (haciendo un tour por sus habitaciones y alrededores), montarse en su tren, hacerte fotos con ella o subirte a cualquiera de las atracciones del parque customizadas al estilo de Hello Kitty. Estas incluyen un paseo en barco por una recreación de los países donde ha vivido la gatita, una noria con cabinas pintadas con la cara de Kitty, la versión del saltamontes con la cabeza de la gata y así sucesivamente.

4. Fuji Q-Land 

Al lado del famoso monte Fuji está emplazado el Fuji Q-Land, un parque de atracciones cuya meta es ser el mayor acaparador del mundo de récords Guinness. De las 14 veces que lo han conseguido, dos siguen vigentes ahora mismo: la montaña rusa más empinada del mundo y la que tiene mayor aceleración (realiza la primera subida en 1,8 segundos). El resto de atracciones, en su mayoría montañas rusas, siguen ocupando altos puestos en distintas clasificaciones: octava más alta del mundo, quinta más larga, décima más rápida y así un largo etc. con casi todas ellas. Además de disparar las pulsaciones, el parque hace guiños a la cultura más tradicional japonesa (hay una atracción liderada por el típico gato que saluda) y al universo manga.

5. Próximamente, montaña rusa-spa, Totoro y Nintendo

Actualmente están en construcción otros parques que causarán furor. Entre ellos, una montaña rusa cuyos vagones son también un spa (en la isla de Kyushu) o el parque Ghibli, que representa el universo de Totoro y que será construido en Nagoya, al lado de la «casa Satsuki y Mei», una réplica del hogar de los personajes. También están trabajando en el Super Nintendo World, una colaboración entre Universal Studios y Nintendo que será un parque de atracciones dedicado exclusivamente a videojuegos de la compañía creadora de Super Mario Bros. Todos ellos tienen intención de abrir sus puertas en 2020, mismo año en el que se celebrarán los juegos olímpicos en Tokio.




Tu memoria te miente (por suerte)

Nos pasamos la vida con una pareja que casi siempre nos miente. Su nombre es memoria. Aunque, para ser justos, hay que decir que en realidad no es que nos mienta, tan solo ficciona. Con lo que, para complicar más el asunto, debemos aceptar que la memoria nos dice la verdad. Solo que esa verdad es mentira.

Por eso, aunque se diga que el pasado no se puede cambiar, lo cierto es que nuestra memoria no para de hacerlo. Pero no con mala intención, todo lo contrario. Si actúa así es para facilitarnos la vida.

La cosa funciona como un algoritmo. Un algoritmo humano que, en palabras de Noah Harari, «opera mediante sensaciones, emociones y pensamientos». Las informaciones que recibimos continuamente entran en nuestra memoria reciente. Y ese algoritmo decide cuáles de ellas se eliminan y cuáles pasan a la memoria profunda. Entonces, es en el almacén de esa memoria profunda donde nuestros recuerdos se reconfiguran para ayudarnos a aceptar los errores, las indecisiones o los quebrantos del pasado.

Este proceso de reconfiguración funciona como un sistema de edición de vídeo. La memoria profunda posee todas los recuerdos seleccionados, pero los reedita continuamente conforme nuestras necesidades en cada momento. Eso nos ayuda no solo a llevarnos mejor con nosotros mismos, sino también, y como consecuencia de ello, a disfrutar de una existencia más llevadera.

Cuando el mecanismo no funciona con la eficacia que le caracteriza, vienen los problemas. Entonces un recuerdo que permanece incólume en nuestra memoria puede convertirse en en un profundo dolor o en un rabioso enemigo.

«Yo sé que tu recuerdo es mi desgracia», cantaba desgarradamente Chavela Vargas. Cuando el padecimiento es todavía reciente, como sucede en ocasiones con el desamor, la memoria profunda no ha tenido tiempo de hacer su trabajo. Por eso, casi todas las culturas han descubierto un sucedáneo para empujar al hipocampo, esa parte del cerebro encargada de tergiversar el pasado para hacerlo más digerible, a desarrollar su labor. El opio en Oriente o el alcohol en Occidente han sido, durante siglos, los encargados de asumir tal responsabilidad.

Porque lo cierto es que sin esa tergiversación no podríamos sobrevivir, pues nuestra mente, desprotegida frente la cruda realidad, sería incapaz de reprogramarse para seguir funcionando con soltura.

Esa es la razón por la que la función enajenante de la drogadicción ha sido utilizada desde siempre para acelerar el proceso de mixtificación de la realidad que generalmente realiza la memoria por su cuenta. Solo que como lo hace con calma, cuando el sufrimiento es insoportable, preferimos no esperar tanto. Entonces, algunos tequilas de más le echan una mano.

Esta función enajenante del alcohol, en apoyo de la mutación de la memoria, fue descrita ya en el Antiguo Testamento. Y más tarde, hace unos 400 años, nos descubrieron también la íntima relación entre la memoria y nuestro cerebro. Cuando Lady Macbeth intenta convencer a su marido para asesinar al rey Duncan expone, en apenas tres versos, los mismos conceptos que hoy desarrolla la psicología moderna:

«Con vino convenceré
de que la memoria, guardiana del cerebro
no es más que un gas, y el receptáculo de la razón»

No nos enfademos nunca con esta pareja llamada memoria que nos habla desde dentro. Es cierto que a veces nos miente. Pero lo hace tan solo para que sobrellevemos las cosas que sucedieron, cuando no fueron como quisimos.




Lamento comunicarte que no hablas bien (y los medios de comunicación tampoco)

No es que no fuera consciente de la realidad, pero si podía elegir, Mayra prefería quedarse con la cara amable de la vida. Por eso nunca jamás vestía de negro ni usaba colores apagados, aunque más de una vez su madre la tildara de payasa. 

A Mayra poco le importaba el qué dirán. Ese optimismo a veces cargante lo exhibía también para todos los ámbitos de la vida. Y el lenguaje era uno de ellos. Pocas frases negativas aparecían en su conversación y se pasaba horas y horas revisando el diccionario en busca de la palabra adecuada que expresara el buen rollo que ella llevaba dentro. Era tal su obsesión por lo positivo que su cuerpo reaccionaba físicamente cuando escuchaba palabras negativas.

El día que acudió a una cita a ciegas buscando dar un poco de alegría a su sensibilizado cuerpo fue el último de su vida. Cuando su cita le contó que había aceptado salir con ella porque varias personas le habían tachado de encantadora, Mayra, literalmente, reventó. El candidato a novio aún se está preguntando por qué mientras se limpia ciertos restos que quedaron pegados a su pelo.

Y como sabemos que más de uno se estará preguntando qué hizo explotar a la happy flower de Mayra, aquí va la respuesta: porque ‘tachar’ tiene una connotación negativa  y por eso no puede ser usada con palabras de valoración positiva. Lo mismo ocurre con ‘tildar’. Por tanto, no son correctas expresiones como: *Tacharon la reunión de muy positiva o *Tildaron la experiencia de inolvidable. Una posible alternativa sería usar el verbo ‘calificar’.

Son casos de impropiedad léxica por contraste semántico. Pero no son estos los únicos términos que nos hacen meter la pata con cierta frecuencia.  ‘Adolecer’, que significa ‘tener algún defecto o sufrir algún mal’, es incorrecto si los usamos con el sentido de ‘carecer’. Así que por muy pesada que se ponga mamá a veces, un niño no «adolece del cariño de su madre», sino que carece de él.

Tampoco ‘atesoramos’ errores ni nos ‘vanagloriamos’ de nuestro mal saber perder. Así que no es correcto decir que Fulanito atesora grandes defectos o que Menganita se vanagloria de su terquedad. Si atesoras algo, que sean euros a montones, y si te vanaglorias de algo, que sea de ser el campeón de video juegos de tus amigos.

Y por mucho que lo veamos escrito en medios de comunicación, una crisis, un desastre, un drama… no pueden ser ‘humanitarios’ porque esa palabra se aplica para todo lo que se refiera al bien del género humano.

En el caso contrario tendríamos ‘involucrar’, cuyas connotaciones son negativas. Usarlo como sinónimo de ‘implicar’ tampoco es correcto. Así pues, no nos involucramos con causas benéficas, nos implicamos.

¿Entendemos ahora por qué reventó la sensible Mayra?



10 curiosas historias sobre muertos y tumbas

Un cadáver muy excitante

Victor Noir (1848-1870)

En el cementerio Père Lachaise de París, sobre la sepultura de un joven periodista y escritor, hay una estatua tumbada y extraordinariamente dotada un poco más abajo de la cintura. En la tumba están los huesos de un jovenzuelo que murió de un disparo en la víspera de su boda. La historia de su vida fue corta, pero la de su muerte, aún hoy, trae cola. Victor Noir era redactor del diario La Marseillaise, una publicación antibonapartista. El joven periodista medió en una disputa entre su redactor jefe y un primo de Napoleón III; el Bonaparte se ofuscó y mató al mensajero. Noir fue enterrado en el cementerio de Neuilly, y allí quedó sepultado hasta su traslado al Père Lachaise, donde se le había preparado una sepultura de honor. La estatua que debía presidir la tumba fue encargada al escultor Amédée-Jules Dalou, y el artista, en un arrebato de realismo, decidió representar la escultura tal y como quedó el periodista en el momento justo de su muerte: tumbado boca arriba y con una portentosa erección que se adivina bajo la tela del pantalón. No se sabe en qué momento ni quién extendió la superchería de que frotar, besar o rozarse con la bragueta de la estatua asegura la fertilidad de la tocadora. El resultado es que todo el bronce de la estatua ha adquirido el lógico color oscuro menos la zona de la bragueta, que brilla de forma insultante de tanto y tan continuado rozamiento. Los comentarios junto a la sepultura no varían mucho. ¡Qué barbaridad!, dicen ellas. ¡Eso es mentira!, replican ellos.

Una momia en el banquillo

Formoso (816-896)

El Papa Formoso cuenta en su currículo el haber sido el único Pontífice desenterrado para regañarle. Formoso coronó emperador del Sacro Imperio Romano Germánico a un tipo llamado Arnulfo de Baviera, y esto enfadó muchísimo a Lamberto de Espoleto, quien aspiraba a la misma corona. El Papa llevaba sepultado nueve meses cuando Lamberto recuperó el control de Italia y exigió al Papa reinante, Esteban VI, que desenterrara a su predecesor y le juzgara. Fue el principio del célebre show conocido como Concilio Cadavérico, o Sínodo del Terror. En unas condiciones fáciles de imaginar, Formoso, hecho un manojo de nervios, piel y huesos, fue sentado ante un tribunal. Como es difícil sentar a un muerto, le tuvieron que atar al sillón, para que no se escurriera. Se inició un interrogatorio a la momia, que, por su­puesto, se negaba a responder. Fue declarado culpable, e indigno servidor de la Iglesia. Luego vino lo de despojarle de las vestiduras, del solideo y de todos los símbolos de su reinado. Fue la momia pontificia más cansada de la que se tienen noticias.

‘Me llevo puesto al muerto’

San Juan de la Cruz (1542-1591)

Conocido de pequeño como Juanito de Yepes, murió en Úbeda (Jaén) el 14 de diciembre de 1591, y como allí murió, allí fue enterrado. Pasados unos meses, una dama segoviana de rancio abolengo, doña Ana de Mercado y Peñalosa, que se había enamorado de Juan cuando se conocieron, se dijo: “Si no lo he conseguido en vida, me lo llevo muerto”. Se empeñó en trasladarlo a Segovia. La doña tenía enchufe en las altas esferas y logró el permiso para exhumar al santo, aunque era sabedora de que aquello no caería bien en Úbeda. Nueve meses llevaba enterrado Juan de Yepes cuando un alguacil abrió el sepulcro con apenas dos testigos que presenciaban de mala gana cómo les hurtaban a su fraile con permiso oficial. Pero el plan se frustró: San Juan estaba tan entero como si hubiera muerto el día anterior, así que se decidió esperar un tiempo. Un año después volvieron a por Juan, que, ya en los huesos, fue guardado en una maleta para viajar hasta Segovia. Úbeda se percató de la maniobra e inició un sonado litigio. El Papa ordenó a Segovia que devolviera lo que se había llevado con nocturnidad y alevosía, pero doña Ana devolvió solo las extremidades inferiores, y el santo quedó repartido. San Juan de la Cruz sabe dónde está su mano derecha, pero no su pie izquierdo.

Por favor, ¿me puede enterrar alguien?

Herbert Marcuse (1898-1979)

El 18 de julio de 2003, las cenizas del filósofo estadounidense de origen alemán Herbert Marcuse fueron enterradas en Berlín. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Uno se muere... y lo entierran. Lo malo es que Marcuse estuvo “en el limbo” durante 24 años, porque le dijo agur a este mundo en 1979. ¿Qué estuvo haciendo desde que murió? Nada. Cogiendo polvo, porque se olvidaron de él en la estantería de una funeraria de New Haven (Connecticut). Todo fue un despropósito tras otro: murió en Ba­viera, lo cremaron en Austria y enviaron sus cenizas vía aérea a New Haven. Este destino solo lo conocían la viuda, el director de un bufete de abogados y un hijo. La viuda se murió; el letrado, también, y el hijo se despreocupó porque dio a su padre por enterrado. Hasta que un nieto del filósofo recibió un email de un profesor que preguntaba por el lugar donde estaba enterrado su abuelo. El nieto se puso a investigar el paradero de Marcuse y así, de pesquisa en pesquisa, llegó a la estantería de una funeraria de New Haven, donde el gran pensador esperaba. Marcuse fue recuperado y aho­ra está igual de he­cho polvo que antes, pero en su tierra, en Berlín.

Secretos de la humanidad que muy pocas personas conocen

A lo largo de la historia, siempre ha estado latente el instinto de saber más sobre aquellos misterios que rodean a la historia, los cuales van desde el contenido de las fórmulas de algunos productos hasta las cosas más burdas.

La fórmula de Coca Cola. Sin duda este es el refresco de cola más popular del mundo. Su sabor, ha hecho de esta bebida una de las más vendidas; sin embargo, éste encierra varios mitos, pues nadie sabe a ciencia cierta de qué está hecho.
Desde la década de los 70, esta fórmula ha sido fuertemente protegida, lo que generó que saliera de la India, en aquellos años, pues una ley obligaba a que se revelara dicha fórmula.
Aunado a eso, hay una leyenda en que dice que sólo los dos fundadores la saben, pero uno tiene la mitad y el otro guarda la parte restante.

KFC. Todos hemos probado este pollo crujiente con muy buen sabor, sin embargo, nadie sabe cuál es el ingrediente que hace que su sabor sea único.

Esta receta data desde la década de los 30, cuando Harland Sanders hizo el primer pollo crujiente.
Más adelante, Sanders creó esta gran cadena, pero al igual que Coca Cola sólo dos personas tienen acceso a la original receta.
Hasta el momento, se sabe que está hecha a base de hierbas y especias, pero no se conoce con certeza cuáles son. Además, el edificio en donde se guarda este secreto está muy bien resguardado.

El almanaque del agricultor. Muchas generaciones de granjeros se han guiado por las indicaciones de dicho libro agrícola, para sus actividades de cultivo y cosecha.

Pero, además de este tipo de información agronómica, el Almanaque proporciona pronósticos del tiempo, en especial a largo plazo. Este documento se edita cada año.

Esta fórmula para predecir el tiempo fue creada 1792, por Thomas Robert, y se sabe que ésta tiene que ver con la posición de los planetas, la actividad solar y algunas fórmulas matemáticas, pero en si todo es un secreto.

Los únicos que la saben son el creador y un meteorólogo anónimo. Lo interesante de todo esto es que la fórmula es muy precisa.

La ubicación de la cabeza de Oliver Cromwell. Fue un líder político y militar inglés. Durante los cuarenta primeros años de su vida no fue más que un labrador noble, pero ascendió de forma meteórica hasta comandar el Nuevo Ejército Modelo y, a la larga, imponer su liderazgo sobre Inglaterra, Escocia e Irlanda como Lord Protector. Su muerte se dio por causas naturales.
Sin embargo, una vez muerto fue desenterrado para recibir una ejecución póstuma en donde le fue cortada la cabeza.
A la postre, esta parte del cuerpo se convirtió en una curiosidad y una reliquia. Paso de mano en mano, hasta que por fin fue recuperada y enterrada.
Sólo dos profesores de la universidad de Sidney Sussex saben en qué lugar quedó la cabeza.

Sea Monkeys. En su origen se utilizaban como alimento para peces. Fue Harold von Braunhut, científico e inventor nacido en Tennesse, pero de origen alemán, quien empezó a comercializarlos como mascota, bajo el nombre inicial de "Instant Life". Los Sea Monkeys se empezaron a vender en los Estados Unidos bajo una inteligente y exitosa campaña.
Al poco tiempo, se creó la llamada "Artemia NYOS", la cual crecía a mayor velocidad y duraba más, una media de dos años. Sin embargo, nadie sabe quién fue el creador de estas "mascotas".

Los violines Stradivarius. Los instrumentos de Stradivarius son muy valorados por los intérpretes más importantes del mundo y por los coleccionistas de antigüedades. Las características sonoras e individuales de estas obras de arte son consideradas únicas.
Precisamente, es el sonido lo que llena de misterio estos violines, pues nadie sabe cómo se logra tal fidelidad.
Se piensa que la madera era única, pero la verdad se fue a la tumba, cuando falleció el patriarca de la familia.

Los resultados de los premios Óscar. Con toda la tecnología que existe hoy en día, jamás se han filtrado los resultados de los codiciados premios de la academia. La forma para que éstos sean revelados antes de tiempo o sean filtrados requiere de un procedimiento único.

Esto se debe gracias al proceso que llevan los contadores PricewaterhouseCoopers y sólo dos personas saben quiénes son los ganadores de cada edición. 

Cabe señalar que estas personas llevan el proceso totalmente a mano y son los encargados de resguardar los resultados. Y, una vez en la ceremonia, ellos son los que entregan los sobres.


Fabulosos animales que son verdaderos artistas naturales del camuflaje

En un simple paseo por el campo podremos observar gran cantidad de especies animales, especies que con su canto, su reclamo, o el simple batir de las alas nos harán saber que están ahí..., si pasamos por una charca podremos escuchar el croar de una rana...., son multitud de señales y sonidos que hacen que sepamos que esas especies están ahí... Pero no son las únicas que nos rodean, existen muchas más especies, en silencio, inmóviles, por aquel lugar por el que paseamos y que pasan totalmente inadvertidas, ni emitirán sonidos ni se harán ver, puede que crean que seamos uno de sus depredadores, para ello usarán una primitiva y compleja técnica, la mejor técnica para no ser vistos, hablamos de la técnica del camuflaje.

Consiste en hacerse parecer objetos inanimados, como piedras, troncos, hojas, ramas..., de tal forma que son casi imposible de apreciar a no ser que hagan algún movimiento que les haga llamar la atención. En la siguiente galería interesantes ejemplos de animales camuflados:









Los curiosos secretos de tus ojos

¿De dónde sale el color?
El principal responsable es un pigmento llamado melanina. En cantidad abundante, da lugar a los ojos marrones y, cuando escasea, a los azules. Esto último ocurre porque “también existe una aportación de las fibras de colágeno que forman el tejido conjuntivo del iris”, nos explica Richard Sturm, una autoridad mundial en la genética del color de ojos, pelo y piel. Esas fibras no aportan color, “son proteínas estructurales que dispersan las longitudes de onda azules de la luz hacia la superficie”, añade Sturm, y explica que los verde-avellana: “Son el resultado de las diferencias en la distribución o la cantidad de ese pigmento”. Las variaciones de esos elementos dan lugar a una inmensa diversidad de tonalidades


¿Puede indicar enfermedad?
Igual que en la piel, la melanina del iris ejerce una protección ante la radiación ultravioleta. Por eso, se ha comprobado que los iris más claros son más propensos a las cataratas y a la degeneración macular. En el caso del cáncer de ojo,se ha comprobado que esa relación no es válida en todo el mundo: “En los países nórdicos, donde se ha realizado la mayoría de los estudios,el 80% de los pacientes de melanoma ocular tienen iris azules o grises, pero en España ocurre a la inversa: el 80% tiene ojos marrones o verde-avellana”. Igual que en la piel, la melanina del iris ejerce una protección ante la radiación ultravioleta. Por eso, se ha comprobado que los iris más claros son más propensos a las cataratas y a la degeneración macular. En el caso del cáncer de ojo, el equipo de María Antonia Saornil, miembro de la Unidad de Tumores Intraoculares del Hospital de Valladolid, ha comprobado que esa relación no es válida en todo el mundo: “En los países nórdicos, donde se ha realizado la mayoría de los estudios,el 80% de los pacientes de melanoma ocular tienen iris azules o grises, pero en España ocurre a la inversa: el 80% tiene ojos marrones o verde-avellana”.


¿Cómo se hereda el color de ojos?
En el cole aprendimos que este rasgo depende de un gen, dominante para el marrón y recesivo para el azul, por lo que dos progenitores de ojos azules nunca tendrán un bebé de iris castaño. Pues no es tan sencillo. Según el investigador australiano Richard Sturm: “El principal responsable de la gran variedad de colores es un gen llamado OCA2, pero hay otros genes implicados en el proceso”. OCA2 expresa una proteína que participa en la producción de melanina. Si un bebé hereda un alelo (versión) potente de OCA2, probablemente mirará en marrón, y si sus alelos son más débiles, lo hará en azul. Pero puede que haya otros genes distintos que compensen el grado de producción de melanina definido por OCA2. De la interacción de todos ellos se derivan los múltiples tonos posibles y que unos padres ojiazules sí puedan tener bebés de mirada castaña.

¿Son los espejos del alma?
Más bien, la ventana a la que asoman todas nuestras emociones, nos guste o no. Su lenguaje implica a todos sus elementos: párpados, cejas, pupilas… El estadounidense Eckard Hess investigó la relación entre las variaciones involuntarias en estas últimas y nuestras sensaciones: se dilatan por placer o interés, se contraen ante lo desagradable y cuando sufrimos un shock se abren, para después cerrarse de inmediato. La frecuencia del parpadeo, la dirección y fijeza de la mirada, y el arqueo de las cejas forman también parte del repertorio

¿Para qué sirve entenderlos?
Hace 50 años, el doctor Robert Fanz utilizaba una extraña caja de 60 x 60 cm para estudiar la mirada de los bebés. Desde entonces hasta el estudio de las microexpresiones faciales por parte de Paul Ekman (inspirador de la serie Miénteme) hemos desvelado buena parte de los secretos de nuestros ojos. Las conclusiones se aplican para la detección de mentiras y el estudio de nuestras respuestas emocionales con técnicas de eye-tracking. Y para añadir “humanidad” a los androides y personajes de animación.

La "sumergibilidad" real de tu reloj


A la edad de 10 años, no recuerdo que existieran muchas cosas más destacadas como fiel señal de hombría y valor que poseer un reloj. Pero si este reloj era resistente al agua, estos signos de adultez se multiplicaban al infinito. Mostrarle a nuestros amigos el valor “Water Resistant” y que dijera 50M o más era un disparador asegurado de las mejores fantasías que podían imaginar un grupo de pequeños en esa etapa de su vida: ser buzos tácticos, explorar un barco para encontrar su tesoro, pelear contra pulpos gigantes, por supuesto, siempre con nuestro reloj puesto para no llegar tarde a tomar la merienda.

Pero ese mito que a algunos los ayudó a llevar su infancia con heroísmo parece venirse a pique con este interesante análisis de la verdadera sumergibilidad de los relojes que manifiestan ser resistentes a las más inhóspitas profundidades. Lo que segurametne muchos piensan es que la famosa leyenda 30M, 50M o 100M era la inicial de Metros, lo que implicaba hasta en el modelo más económico una capacidad de resistencia inifinita, entendiendo que la pileta del club no tenía más de 4 metros de profundidad y era lo más cerca que estaría alguna vez de encontrar un tesoro en las profundidades.

Esa famosa M que acompaña al valor, no significa que ese reloj sea apto para sumergirse a esa profundidad sino que puede llegar a soportar una presión de 50 metros de agua. Es una unidad de presión, no de profundidad, por lo que, según lo que exigen las normas que certifican el correcto sellado y la nula penetración de fugas en este tipo de relojes domésticos, las pruebas de resistencia a la presión se limitan a sumergir el reloj a unos apenas 10 centímetros para comprobar sus condiciones. Incluso, la famosa empresa Casio ofrece en su sitio el siguiente gráfico que detalla las capacidades de cada una de sus nomenclaturas, sin dejar de aclarar que el agua de mar y los detergentes podrían afectar el ya de por sí, escaso rendimiento submarinístico que deseábamos.


En este gráfico se pueden apreciar y desmitificar algunas de las características principales de los relojes de acuerdo a su nomenclatura impresa, lo que nos aclara que para ser buzo y aventurarse en las profundidades vamos a necesitar algo un poquito más complejo y costoso que nuestro Casio con calculadora: